19 dic 2012

El tango te lleva sin decirte adónde va

Introducción de mi libro "Tango. Arte y misterio de un baile".
Para compartirlo con los amigos que no han leído el libro.

El tango te lleva sin decirte adónde va
Escribir sobre tango llega en la hora en que los pies están cansados, cuando el placer de haber bailado lo suficiente nos deja un resto de insatisfacción que pone a andar las palabras. Cuántas desveladas trasnoches luego de milonguear hasta la fatiga nos encontraron compartiendo en la charla aquello que fue disfrutado con plenitud o aquello que quedó sin gozar. La escritura y el habla no sustituyen al baile pero, a veces, las palabras atizan el fuego de la danza. En otras ocasiones, los ecos de la música y de la poesía del tango iluminan territorios inexplorados y sugieren que un camino de sorpresas puede empezar cuando música y baile terminan.
Permanente asombro me ha acompañado a lo largo de más de veinte años de vivir y pensar en el tango.
Para los rioplatenses el tango está en nuestra piel, en nuestra alma desde que nacimos, frecuentemente sin saberlo. Su dominio está en que sentimos ajeno eso que nos lleva desde adentro. Bailar el tango ha sido ingresar a un mundo de torbellino y dicha, todo mezclado. No hay medias tintas. O estás ahí, tomado por el fervor de su baile o quedarás curioseando en sus márgenes viendo como otros lo hacen. Bailar el tango llama a bailar el tango y él te lleva sin decirte adonde va.
Una curiosidad que nunca se detuvo me llevó a interrogar su historia, la práctica del baile a disfrutar sus infinitas maneras, la enseñanza a aprender a transmitir.
El tango como baile ha cruzado ya tres siglos y ha expandido sus fronteras porque su matriz, su estructura primigenia, tiene la riqueza de algo que puede desplegarse y ensancharse siempre un poco más.
Esa matriz, dos cuerpos abrazados que bailan improvisando con los pies, es de una riqueza infinita. Como algunas teorías en física, el hallazgo de una fórmula permite desplegar un campo vastísimo si se exasperan sus posibilidades.
Esta nueva forma bailable revolucionó los bailes de salón allá por el 900, pues no solo inventó una nueva dinámica entre los cuerpos que bailan sino también el intercambio sensible entre ellos. Una revolución prodigiosa que puso en contacto la sensibilidad de dos cuerpos con la música en una intimidad que no existía en bailes anteriores.
Hablar con el cuerpo no es fácil, escuchar y entender el cuerpo del otro tampoco es fácil, pero construir cada vez una obra de arte efímera en consonancia con otro, con la música y sin la palabra, es sin duda lo que lo hace un arte singular y especial.
Horacio Salgán dice: “El tango es un misterio. Es un género que tiene muchas manifestaciones. Cada tango es una individualidad. En un solo compositor, como Agustín Bardi, uno puede escuchar un tanguito, como Tierrita, perfecto en su tipo, y un gran tango, como La que nunca tuvo novio. Por otro lado, el tango es único, no se parece a nada. Comienza con un acompañamiento de habanera, pero eso dura muy poco; cuando desaparece la habanera, el tango ya no se parece a nada ni tampoco a lo que era en un principio. No se parece rítmicamente a ningún género”1. Salgán se refiere a la música, pero también su baile no se parece a nada anterior.
Bailar el tango se aproxima a una experiencia artística que nos llama a profundizar su misterio, no a develarlo.
Como el poeta crea sus metáforas y el músico sus acordes, nuevas combinaciones y formas se reinventan en el descuido o en la inconsciencia del bailarín. El tango es una cosa viva, se nos escapa de las manos cuando creímos atraparlo. Troilo dijo alguna vez que el tango te espera. Agregaría, para sorprenderte.
La riqueza casi inabordable de las manifestaciones creativas del género del tango son de una calidad difícil de encontrar en un arte popular. Un arte popular y anónimo por fuera de círculos académicos o instituciones oficiales. El tango no conoció la Academia ni como visitante.
El que baila tango recoge el aplauso de los propios latidos de su corazón. Busca reconocimiento en la sonrisa cómplice del partenaire o en su íntima sensación de placer. La notoriedad se obtiene entre los que comparten esa inmensa ronda de pública felicidad, que mitiga la injusticia del anonimato de los bailarines.
Este es el arte popular, el que se crea todos los días en el patio de atrás, en el piano desvencijado, el que viaja en colectivo. Este es el arte popular, el que se crea por puro deseo de juego y creación.
En la fibra íntima de las cosas que se crean se expresa este síndrome argentino. Es parte constitutiva del arte llamado tango y de su baile. Su espontaneidad, su no estandarización, su improvisación. Estas páginas surgieron al fragor de esta forma de ser de la cultura rioplatense.
La historia se construye en el entrecruzamiento de múltiples miradas, crónicas, historias singulares. Esta es una de ellas y se ocupa, sobre todo, del baile, que forma, junto con la música, poesía e interpretación esa materia llamada tango.
Se encontrarán aquí claves para arrimarse a la magia del baile, fragmentos de historia, apuntes para una genealogía, reflexiones sobre la didáctica y metodología de su enseñanza y, sobre todo, crónicas de un mundo febril que en lugar de apagarse en los años 90 como podía preverse, resurgió con renovado ímpetu.
Los artículos aquí reunidos fueron escritos en el transcurso de más de quince años, la mayoría inéditos. Están organizados en capítulos temáticos, si bien cada uno de ellos puede ser una pieza única. Citando una bella frase de O. Mannoni puedo decir que estas piezas “no forman un continuo sino más bien un archipiélago donde nada impone un orden de itinerario para ir de una isla a otra. Si ellas se comunican, es por debajo del mar”.


Lidia Ferrari

 Introducción de mi libro "Tango. Arte y misterio de un baile".
Editorial Corregidor, 2011, Buenos Aires